| Querido don Antonio Porchia: Siempre pienso en usted y son incontables
las veces en que quise escribirle. Pero siempre quería que llegara
un instante único, privilegiado, separado de los otros, no parecido
a ningún otro, para enviarle unas líneas que le dijeran
la manera más pura cuánto lo recuerdo y que terriblemente
importante ha sido --es-- haber conocido su voz, sus voces. Le agradezco
enormemente las que me envió. Mi familia me las hizo llegar.
Ahora esas dos hojas con su escritura están usadas y desgastadas
(por mis ojos) porque las llevo conmigo como quien lleva los obligados
documentos de identidad. Y en verdad son eso.
Sabrá por nuestro común y querido amigo Roberto Juarroz
que van a hacer tres años que estoy en París. No pocas
veces me tienta el volver, verlo a usted, a Roberto, a unos pocos más...
Ahora creo que podría conversar con usted "mejor" que
antes, tal vez porque perdí mi adolescencia o sufrí más
o recuperaré algo de la infancia o envejecí, no sé,
pero al releer su maravilloso librito mi fervor fue distinto: esta vez
asiento a cada una de sus voces con toda mi sangre y, lo que es extraño:
su libro es el más solitario, el más profundamente solo
que se ha escrito en el mundo y no obstante , releyéndolo a medianoche,
me sentí acompañada o mejor dicho amparada. Y también
asegurada, tranquilizada, como si me hubieran dado la razón en
la única cosa que yo rogaba tenerla. Volviendo al tema de París:
lo que me calma de aquí es vivir sola, sin familia, viendo a
la gente sólo cuando lo deseo. Esto es muy importante para mí.
Necesito del silencio (o tal vez es el silencio que me necesita). "Has
venido a este mundo que no entiende nada sin palabras, casi sin palabras".
Esta frase se reitera en mí y canta en mí con extremada
frecuencia. En verdad, no hago más que pensar en el silencio.
Y he terminado preguntándome si el silencio existe. Pero si lo
pregunto ya no hay silencio.
Si alguna vez desea escribirme algunas líneas me dará
usted una muy alta alegría, me hará un gran bien. Por
mi parte lamento que no haya llegado aún ese instante privilegiado
en el que quería hablarle y preguntarle de una manera más
hermosa que ésta de ahora. Pero como no tengo tanta paciencia
aquí va esta carta y el más cariñoso abrazo de
Alejandra Pizarnik.
Ver
Carta Original (*)
(*) “Lamentablemente la foto pertenece a una fotocopia
de la original la cual se extravio, la fotocopia fue tomada en 1987
y obsequiada en el 2000 a Ángel Ros por Nelida Orcinoli de Nadia,
sobrina de Antonio Porchia”
Buenos Aires, 20 de Abril de (¿1963?)
Querido amigo Antonio Porchia:
¿Cómo hablar de lo indecible? Sólo por medio de
las Voces. Sólo ellas han logrado hacer pleno este lenguaje,
sólo ellas han sabido llenar de sangre las palabras y transformarlas
en la Palabra, la única valedera. Si no mediara mi gran afecto
por usted tal vez no le enviaría estas líneas. Una cosa
es hablar de las Voces a un público anónimo y otra a su
autor. No es posible ---por lo menos en mi caso--- explicarlas o comentarlas;
sólo puedo decirle que mientras las leía, ellas ---que
contienen todas las respuestas--- suscitaron en mí un eco silencioso
que asentía dulcemente. Un eco como proveniente de tiempos inmemoriales,
como si se refiriera a nuestros orígenes, a lo más hondo
de la vida. Me sucedió uno de esos procesos reminicentes que
sólo pueden llevar a los grandes y buenos encuentros. Y es a
usted a quien se lo debo. Sus voces son de lo más puro y hermoso
que se encuentra en el mundo. Y es usted quien las creó. Gracias.
Suya
Alejandra Pizarnik
Nota: Esta carta León Benarós
la ubica supuestamente fechada en 1963, esto es posible, pero poco probable,
ya que Alejandra vivió en París de 1960 a 1964 y la carta
está enviada desde Bs. As. La única posibilidad de que
esto sea correcto es que Alejandra haya hecho algún viaje relámpago
a Bs. As. y en ese ínterin haya escrito la carta. (Observación
hecha por Daniel González Dueñas)
También cabe la posibilidad que esta carta sea
anterior a la enviada desde París. Esta posibilidad es la que
personalmente creo posible, la fecha podría ser entre 1958 y
1960.
Alejandra Pizarnik también escribo un pequeño poema dedicado
a Antonio Porchia y publicado en Los trabajos y las noches (1965) y
dice:
LAS GRANDES PALABRAS
A Antonio Porchia
Aún no es ahora
ahora es nunca
aún no es ahora
ahora y siempre
es nunca.
Alejandra Pizarnik nació en Buenos Aires, el 29 de Abril de
1936, hija de una familia de inmigrantes Polacos. Estudió filosofía
y letras en la Universidad de Buenos Aires y, luego, pintura con Juan
Batlle Planas. Alejandra vivió y trabajo en París desde
1960 a 1964, allí trabajó para algunas editoriales francesas
y la revista "Cuadernos", publicó poemas y críticas
en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé
Cesairé, e Yves Bonnefoy, y estudió historia de la religión
y literatura francesa en la Sorbona. En 1964 retorna a Buenos Aires.
Alejandra publico seis libros en nuestro país, La ultima inocencia
(1958), Árbol de Diana (1962), Los trabajos y las noches (1965),
Extracción de la piedra de locura (1968), El Infierno musical
(1971), y por último, publicado póstumamente Textos de
sombra y últimos poemas (1982).
Desde Francia le escribe a Antonio Porchia. Gracias a León Benarós
hoy se conocen dos cartas de Alejandra a Porchia, estas cartas salen
a la luz por primera vez en el libro de Antonio Porchia por León
Benarós ( Hachette 1988), luego reproducidas en el libro Cartas
a Pizarnik por Ivonne Bordelois (Seix Barral 1998). Alejandra Pizarnik
recibió una beca Guggenheim en 1969, y en 1971 una Fullbright.
Sus últimos meses los transcurría sumida en una gran depresión,
y para peor estaba sin trabajo, un tiempo antes de su muerte concurrió
a una entrevista con el Sr. León Benarós, quien podría
ayudarla a conseguir algún trabajo, Benarós que para ese
entonces trabajaba en un programa televisivo de la firma Odol, le pidió
a Alejandra que trajera una carta de recomendación de Silvina
Ocampo, para gestionarle un puesto provisorio de secretaria ejecutiva
de la compañía aérea Air France, su trabajo consistiría
en recibir personalidades importantes, de todas formas Benarós
estaba dispuesto a buscarle un puesto mas acorde a su capacidad. Alejandra
concurrió a esa primera cita con Benarós, con un holgado
y ridículo impermeable amarillo, Benarós le sugirió
que para el próximo encuentro hiciera el favor de venir vestida
de "persona", Alejandra nunca más volvió, poco
tiempo después, precisamente el 25 de septiembre de 1972, mientras
pasaba un fin de semana fuera de la clínica psiquiátrica
donde estaba internada, ingirió voluntariamente una sobredosis
mortal de un barbitúrico.

Dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor
dice que el amor es muerte es miedo
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe.
A Laure Bataillon
Poema nº 20 del Arbol de Diana (1962)
Foto perteneciente a la tapa del libro de Ivonne Bordelois - Cartas
a Pizarnik.
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